13- ¿Cómo amar sin poseer?

El viernes por la noche volví a ver ‘El lado oscuro del corazón’ de Eliseo Subiela; una película original, surrealista y reflexiva.

En un momento de la película, Oliverio, el protagonista, lanza una pregunta retórica al aire: ‘¿Cómo amar sin poseer?’. Una cuestión profunda que, aislada un poco del contexto y de la película, ha dado algunas vueltas en mi cabeza este fin de semana. Ahora que tengo un momento libre en esta tarde de domingo, me gustaría poner brevemente por escrito algunas ideas relacionadas con este asunto que han pasado por mi mente en estas últimas horas.

¿Cómo tener o dar amor sin adueñarse del otro?; ¿cómo amar algo sin poseerlo?

Supongo que para arrojar un poco de luz al tema lo primero sería poner los pies en el suelo y recordar que el ser humano no es perfecto y que, además, tenemos instintos, necesidades, deseos y miedos. Todos llevamos nuestra mochila biológica y cultural y no vivimos en el mundo de las ideas de Platón; y está bien que sea así.

El amor, como concepto, no es materia fácil de definir ni de diseccionar. Ciertamente, pareciera que hay muchos tipos de amor: el amor a Dios; el amor de una madre; el amor a una novia; el amor a un perro; el amor hacía un pueblo, o a una bandera; el amor a un ideal; el amor a la vida misma al sentir los rayos del sol acariciar tus mejillas a primera hora de una mañana primaveral estando con los pies desnudos en un césped mojado… todos ellos muy distintos y muy iguales al mismo tiempo.

Mi intuición y mi lado claro del corazón me confirman que el amor puro existe; pero también sospecho que el ser humano aún no tiene acceso a amar de esa forma.

Mi experiencia y mi cabeza me susurran que lo que más rechazo, frustración y enfado me produce en este asunto es ver interés en el amor; y que, muy probablemente, el interés al amar desemboca irremediablemente en querer poseer.

Interés en todas sus diferentes formas y modalidades: interés económico; interés sexual; interés en tener un bienestar; interés en tener seguridad; interés en tener poder; interés para tener un hijo; interés espiritual; interés de supervivencia… Sin duda, junto con la injusticia, la traición y las mentiras; una de las cosas que más detesto en el amor es el interés desmesurado. 

Así pues, si tuviera la oportunidad de sentarme en una cafetería de Buenos Aires con Oliverio, le diría que mi opinión a día de hoy es que el amor puro existe; que probablemente a los humanos aún nos queda trabajo para poder amar de forma verdaderamente pura; pero que al mismo tiempo creo indudablemente que se puede amar en esta vida sin poseer siempre y cuando uno sea capaz de amar sin interés desmesurado y enfocándose en la esencia.

‘¿Y cómo amar sin interés?’ – Probablemente me preguntaría Oliverio de forma acertada.

Y para responder a esta nueva pregunta, amigo mío, seguramente necesitaría otro fin de semana de reflexión.

Todos estamos aprendiendo en este planeta.

Artur Martí Peraire

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