11- Rig Veda X, 129: Himno a la Creación 

El período védico es el espacio temporal en el que se transmitieron y compusieron los Vedas y abarca aproximadamente unos mil años (1500 a.C. – 500 a.C.).

Los Vedas son los textos más antiguos de la literatura india y contienen preguntas profundas sobre la creación; sobre la naturaleza del ser humano; sobre las entidades divinas… La palabra ‘Veda’ significa ‘conocimiento’.

Existen cuatro Vedas: el Rig Veda, el Sama Veda, el Yajur Veda y el Atharva Veda. Los cuatro constituyen la ‘Shruti’; es decir, ‘Lo que ha sido oído mediante comunicación oral’. Cada Veda contiene, a la vez, cuatro partes: los himnos, las liturgias, los libros del bosque y las Upanishads. 

De entre todos los Vedas, el Rig Veda es el más antiguo. Por su escritura y lingüística, suponemos que se escribió en torno al 1200 a.C..

Según la filosofía india, la meta final del ser humano, del esfuerzo vital y de las enseñanzas del Vedanta es conseguir la liberación del Samsara y salir del ciclo de reencarnación.

Hoy he releído un himno espectacular del Rig Veda de gran belleza y profundidad en el que se presenta la idea de ‘Ekam’ (el Uno) y de ‘Rita’ (el orden cósmico). Estos dos poderosos conceptos posteriormente se desarrollarán y darán paso a otras ideas como la de ‘Brahman’, ‘Atman’ o ‘Karman’.

El ‘Himno a la Creación’ me ha hecho reflexionar de tal forma estos últimos días que he decidido escribir una adaptación. Espero que también mueva alguna cosa dentro vuestro; tenemos aún mucho que aprender de los humanos que vivieron en este planeta hace varios milenios.

Rig Veda X, 129: Himno a la Creación (Adaptación: Artur Martí Peraire, junio 2024)

« En el origen, no existía ni el Ser ni el No-ser;

no existía el espacio etéreo ni la bóveda celeste que está más allá.

¿Qué cubría? ¿Dónde? ¿Bajo la protección de quién?

¿Existía el agua insondable, profunda?

Entonces no existía ni la muerte ni lo immortal;

no había ni noche ni día.

Aquel Uno respiraba sin aire debido a su propia naturaleza.

Aparte de él, nada más existía.

En el comienzo, solo existía tiniebla envuelta en tiniebla.

Todo era agua indiferenciada.

Aquel Uno, estando a punto de devenir y cubierto aún por el vacío,

nació por el poder de su calor interno.

En el comienzo, le sobrevino al Uno el deseo de crear,

que fue la primera semilla de la mente.

Los sabios, buscando en sus corazones y gracias a su sabiduría, 

encontraron el vínculo entre lo existente y lo no-existente.

Extendieron transversalmente su cuerda después de estudiar la realidad entera.

¿Había un ‘abajo’? ¿Había un ‘arriba’?

Había fecundación, había energías.

Abajo, la potencia; arriba, el impulso.

¿Quién sabe la verdad?

¿Quién podría aquí declarar de dónde nació esta Creación?

Los Dioses vinieron después gracias a la creación de este Universo.

¿Quién entonces sabe de dónde surgió?

Solo el supremo guardián del cielo

sabe de dónde surgió esta Creación;

ya sea que Él la hizo; ya sea que no.

O tal vez ni Él lo sabe. »

Artur Martí Peraire

Frontera Nepal – India, 2017

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